Estado 2
Debo confesar que desde niña me gustaba hablar con las muñecas, ya que vivía en un lugar un poco peligroso: La Colonia Independencia en Monterrey. Antes de mudarme a Juárez, no podía salir a jugar con los otros niños, ya que mis vecinas se habían mudado y eran las únicas cercanas. Así que inventaba que mis muñecas tenían vida y eran mis amigas. Aún al crecer, seguí creyéndolo, a pesar de haber encontrado y socializado un poco más. Hasta entrar a la adolescencia, me olvidé un tiempo de las muñecas porque yo era mi propia muñeca. Ahora que me encuentro en la edad adulta, aún tengo muñecas coleccionables como Blythe, mi May Eunise. Pienso que tienen un alma.

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